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Inicio - Historia - Monumentos más importantes

Monumentos más importantes

De entre los vestigios de las diferentes épocas históricas que se conservan en Pontedeume, se muestran aquí los más importantes. También se pueden ver otros monumentos, de manera breve, en la sección Qué ver/Monumentos.

* Pinche en los textos mostrados a continuación para descender más rápidamente hasta la información que deseé:

Puente de piedra
Torreón de Los Andrade
Antiguo Pazo de los Andrade
Muralla de la Villa
Iglesia Parroquial de Santiago
Capilla de San Miguel de Breamo
Castillo de Andrade
Monasterio de San Juan de Caaveiro
Monasterio de Sta. María de Monfero

Puente de piedra

La historia del primer puente sobre el río Eume es la historia de un puente medieval, quizá uno de los más largos de Europa y además con una larga vida: 1380-1864. Por su importancia estratégica y económica es considerado como uno de los más importantes de España y también del viejo continente.

Los orígenes de un anterior puente posiblemente se remonten a la época romana (aunque no hay pruebas documentales), cuya estructura parece que sólo tendría utilidad con marea baja, siendo entonces más una pasarela que un puente propiamente dicho.

El primer dato aparecido data de 1162, siendo este documento una donación a través de la cual se transfieren fondos para mantener el puente en buen estado, lo que indica que antes de esta fecha el puente ya existía. El material utilizado para la construcción de este primer enlace entre las dos riberas del Eume es la madera, siendo ya en el siglo XIV cuando una renovación en las pautas viarias del momento obliga a la reconstrucción, utilizando para tal fin un material mucho más resistente y duradero: la piedra. Tal obra viene ligada a la figura de Fernán Pérez "O Boo". Este puente unía los arciprestados de Pruzos y Bezoucos, a través del camino de Xuvia a Betanzos.

Aunque los datos sobre los años de su creación son confusos, la hipótesis de más peso hace prevalecer la idea de que se comenzó a construir en 1380, acabándose en 1386 con el levantamiento del Hospital del Espíritu Santo, la capilla y las torres. Según un documento de la época, el puente constaba de 78 arcos, de los cuales, 7 fueron eliminados sólo 27 años después, según documentos posteriores. El número de arcos varió de 71 en 1655 a 58 en 1721 y 50 en 1862. En cuanto a su longitud, y a pesar de sufrir la supresión de arcos y la sustitución de los existentes de estilo gótico por otros semicirculares, el puente apenas varió, midiendo 851 metros en 1649 o 847 metros en 1721.

El puente poseía dos torres situadas la primera o Torre da Ponte, entre los arcos 8 y 9 y la segunda o Torre do Risco entre el 40 y 41. El conjunto de capilla y hospital estaban situados entre los arcos 20 y 21. Había además, al final del puente, en el extremo de Cabanas, un cruceiro, seguramente anterior al año 1600. Textos del siglo XVII atestiguan que el cruceiro no siempre estuvo al final del puente sino que, antiguamente estaba a casi 42 metros del final.

Entre los arcos 2 y 3, situados sobre pedestales, hoy desaparecidos, estaban situados el oso y el jabalí, símbolos de Fernán Pérez "o Boo".

Por la parte de levante (del lado del río) existían dos escaleras, una a la altura del arco 9 y otra del 39.

El conjunto era de piedra de cantería y su anchura no superaba los 3,3 metros, sin contar los tajamares que medían 1,8 metros de ancho.

En el 1588, y debido seguramente a un avanzado deterioro, se lleva a cabo la primera gran reparación del puente, siendo finalizada en 1595, como así se expone en las ordenanzas municipales de 1622, donde queda plasmada la preocupación por su estado.

En documentos del siglo XVII, se hace alusión a que en el año 1647 el puente sufrió la caída de varios arcos, viendo así interrumpido su paso, debido al intenso tráfico que soportaba y a las riadas en épocas de abundante lluvia.

Veinte años más tarde, y no sin problemas, sobre todo en el ámbito económico que costease su reparación, el puente es reparado por Sebastián Méndez, maestro de obras de la Villa de Barallobre.

Entre 1791 y 1820 el hospital desaparece y en el año 1843 el puente se queda sin sus dos torres, la capilla y los símbolos de los Andrade: el oso y el jabalí.

El antiguo puente medieval estaba ya muy deteriorado - quedaban en pie unos cuantos arcos - por lo que surgió la necesidad de levantar un sustituto. Así, en 1862 se abre un paso provisional de madera, con fin de que durara unos años, sobre el que se iría construyendo durante ese tiempo uno más estable. En 1863 se abre este nuevo paso, y ese mismo año se termina de demoler los restos del antiguo puente medieval.

El puente definitivo comenzaría a funcionar en 1870, aunque la pasarela de madera aguantó hasta 1873 (4 años más de lo esperado).

La vida de este nuevo puente fue corta, pues el 26 de diciembre de 1874, un Eume embravecido arrasa los tres primeros arcos, dejando una vez más el tráfico interrumpido.

 

En 1876 se aprueba la creación de un nuevo revestimiento provisional de madera sobre la zona dañada, el cual durará hasta 1881, año en el cual entra en funcionamiento la siguiente obra, comenzada un año antes, utilizando la piedra como material. En 1889 la obra estará terminada.

El puente actual es, básicamente, el mismo que se inauguró en 1889, pero con modificaciones externas. Hoy en día, el puente está compuesto por 15 arcos y sobre él transcurre la carretera nacional 651.

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Torreón de Los Andrade

Fue construido en la época de Fernán Pérez de Andrade, entre el 1370 y 1380 formando parte del conjunto integrado por un palacio -en el lugar que actualmente ocupa el Mercado-, la capilla de San Miguel - derribada en 1909- y el propio torreón. Es de planta cuadrada y mide 18 metros de alto; tiene cuatro pisos contando la planta baja, del segundo de los cuales arrancaba un puente levadizo hoy desaparecido. Además de las saeteras son destacables sus ventanales góticos en el tercer y cuarto piso, donde uno de ellos tiene un ósculo calado con el "sello de Salomón" o cruz de cinco puntas.

El torreón es uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar medieval en Galicia, pero lo que destaca especialmente es el escudo en su fachada, procedente del desaparecido Palacio de los Andrade.

 

En él se recogen los blasones de las familias de Andrade y Lemos -unidas en el siglo XVII- y está orlado por las 18 banderas que Fernando de Andrade ganó a los franceses en la Batalla de Seminara. En la parte superior hay una corona condal y sobre ella un ángel sostiene una filacteria y en la que se lee el lema de los Andrade: "nolite nocere" (no hagáis daño).

Cárcel de Pontedeume

El sistema carcelario y judicial de Pontedeume en el siglo XIX estaba regido por el Partido Judicial. El control de los temas judiciales Euméses estaba en sus manos.

El primer documento que hace referencia a la existencia de un centro carcelario en Pontedeume data de 1829, y en él se habla de una fuga de presos en 1826 de tales dependencias, situadas en el Torreón de los Andrade, siendo esta fuga facilitada por el mal estado del recinto. Debido a la situación de las instalaciones, se llegó a proponer como nueva cárcel el antiguo Convento de Agostiños. Esto ocurrió tras recibir notificaciones en 1838 a través de una Real Orden de Su Majestad, en la que se aprobaban una serie de propuestas presentadas por una comisión especial de cárceles, la cual sentaba las bases del Sistema Carcelario.

En esa comunicación se hablaba de acomodar los edificios a los objetivos marcados por la Real Orden. Así, surgió la idea de alojar a los presos en el Convento, pero finalmente, no se llegó a buen puerto con la propuesta. El edificio sería ubicado de nuevo en el Torreón y en las dependencias anexas, hasta el siglo XIX.

A principios del siglo XIX deja de utilizarse como cárcel de la jurisdicción de Pontedeume. Actualmente se emplea como Centro de Iinterpretación y sede de la Oficina de Turismo.

Ya en el año 1852, el Gobernador de la Provincia comunica al Alcalde de Pontedeume que se va a llevar a cabo la construcción de un edificio carcelario en la Villa. Así, en 1853, se coloca la primera piedra del nuevo edificio, diseñado por el arquitecto Faustino Domínguez, y en 1856 las obras finalizan.

Hace años, el recinto hizo las labores de Juzgado Municipal y en la actualidad, sirve como centro de Servicios Sociales del Concello y está situado en el lugar que ocupaban las antiguas dependencias, en la parte baja del Torreón de Andrade, en el muelle del pueblo.

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Antiguo Pazo de los Andrade

En la Baja Edad Media solían hacerse construcciones en el centro de las Villas que dieran muestra del poderío de sus señores feudales. Así nació el Pazo (Palacio) de los Condes de Andrade, el cual sufrió en sus muros las revueltas Irmandiñas y los incendios de los siglos XVI y XVII.

En el siglo XX, perdidas ya sus connotaciones señoriales y convertido únicamente en un símbolo, pasó a manos del Concello. Con el paso del tiempo y ante la falta de responsabilidad de las instituciones del momento, el edificio pasó a formar parte del recuerdo, acabando derruido entre 1935 -cuando caen sus últimos restos- y la llegada de la Guerra Civil.

El pazo fue levantado por Fernán Pérez de Andrade entre 1370 y 1380. Sus dos nexos más importantes eran el Torreón y la capilla de San Miguel. Además existía un foso que rodeaba el edificio completamente.

Desde el siglo XIV fue residencia de los señores de la Villa hasta Fernando de Andrade, pasando a ser habitado por sus administradores al fusionarse la casa de Andrade y la de Lemos.

El Ayuntamiento se lo compró a su último dueño, el Duque de Alba, en 1905 y en 1924 fue declarado Monumento Histórico-Artístico.

Tras varios intentos de demolerlo y también de restaurarlo, la falta de entendimiento y acuerdos iba jugando en su contra, produciéndose un continuo deterioro en el monumento, provocando su irremediable desaparición. En su lugar, y en el año 1942, se levantó la actual plaza del mercado.

Aunque quedan algunos vestigios de lo que fue el pazo, el símbolo más importante que se conserva es el escudo que presidía la fachada principal del edificio, ahora colocado en el frontal del Torreón.

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Muralla de la Villa

Ya desde que Pontedeume surgió a orillas de la desembocadura del río Eume, la actitud defensiva de la época contra posibles ataques movió la idea de Fernán Pérez de Andrade de amurallar la Villa. De esa idea nace la muralla que durante varios siglos cerró el centro del pueblo y que lo separaba de los arrabales.

La muralla, con el paso de los siglos fue convirtiéndose en un estorbo para el crecimiento de la Villa, puesto que la zona de intramuros se iba quedando pequeña y el avance demográfico de extramuros requería ir tomando medidas, lo que provocó que la muralla fuese perdiendo parte de su extensión hasta llegar a la actualidad, en la que sólo nos queda una pequeña muestra simbólica pegada al atrio de la iglesia parroquial de Santiago, en la que luce una pequeña placa recordando lo que fue el pasado de la Villa.

El muro constaba al principio de tres puertas principales: la del Puente (arco de Maldonado), la de la Villa, situada en la entrada de la plaza de las Angustias y la tercera, de Porto o San Miguel.

Se habla también de otras tres puertas: la de Carnicería, que debió estar situada donde está la actual Rúa dos Ferreiros; la de Salga, probablemente inmediata al Torreón, y la del Postigo, en la que se desembocaba viniendo por la Rúa da Fonte Nova.

El corredor de las Virtudes y las calles Atafona y Postigo eran, seguramente, el antiguo recinto de circunvalación alrededor de las murallas que rodeaban la Villa.

Los estudios realizados por D. Antonio Couceiro Freijomil dan casi por seguro que el recinto de Pontedeume limitaba por el sur con el corredor de las Virtudes, las calles Atafona y Postigo; por el oeste, con el Pazo de Andrade; por el norte, con la calle Ribeira, que daba directamente a la ría; y por el este, con el convento de San Agostiño.

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Arco de Maldonado

El último vestigio importante de la antigua muralla, fue el Arco de Maldonado, que duró hasta 1905, llamado así por estar unido a la casa Maldonado, situada enfrente del comienzo del puente.

Alonso Pita da Veiga fundó en el siglo XVII una capilla en su parte superior abierta a la Rúa Real a través del cual los eumeses seguían la misa dominical.

Fue la última de las puertas de la antigua muralla (puerta del Puente), y su demolición vino provocada por motivos de avance urbanístico: la construcción de la carretera que une la estación de ferrocarril con la salida del puente y la carretera Betanzos-Ferrol. Esta obra se comenzó en 1901, continuando hasta 1911.

Entre 1903 y 1905 se lleva a cabo la expropiación del arco y posteriormente sería demolido.

El motivo que propició esta decisión fue que, una vez atravesado el arco, existían unas escaleras que bajaban hacia el puente y cuyo desnivel -12%- y pendiente -2,70 m.- significaban un enorme obstáculo para el tránsito que procedía de la Rúa Real y que se dirigía hacia el puente. El problema quedó resuelto con la eliminación del arco y la reestructuración de la calle.

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Iglesia Parroquial de Santiago

Presenta dos partes diferenciadas: la capilla mayor -edificada por Fernando de Andrade en 1538- y el resto de la iglesia, obra del Arzobispo Rajoy a finales del siglo XVIII.

En la capilla mayor destaca la complicada nervadura de la bóveda y el retablo renacentista de 1561. Consta de tres "calles" siendo arrancados de la central dos lienzos para colocar el sagrario y la imagen del patrón, Santiago. En su parte superior aún se conservan alusiones a los emblemas heráldicos de los Andrade. En el lado del Evangelio está el sepulcro de Fernando de Andrade a donde fue trasladado desde el centro de dicha capilla en 1758.

 

La imagen de Santiago Apóstol que está en la zona central del retablo apareció enterrada en el presbiterio en 1961 al hacer unas obras. El resto de la iglesia se organiza sobre una planta de cruz latina con brazos poco marcados y tres naves, de las cuales la central está cubierta por una bóveda de cañón.

En la fachada se abren tres puertas, de las cuales la central está coronada por el escudo de Fernando de Andrade, una estatua ecuestre de Santiago Apóstol y una placa del Corazón de Jesús con su lema "Reinaré en España", colocada en el 1900 para conmemorar el comienzo de siglo.

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Capilla de San Miguel de Breamo

La iglesia de San Miguel se encuentra a cerca de 2 Km. de Pontedeume, siguiendo la carretera N-651 o a 1,5 Km. subiendo a pie por el camino que nace cerca de la Iglesia Parroquial de Santiago de Pontedeume.

El primer documento en el que aparece mencionado el Real Priorato de San Miguel tiene fecha de 1234, con motivo de un pleito entre Breamo y el monasterio de Sobrado, pero se cree que su existencia viene de medio siglo antes, concretamente en el 1187, según la inscripción en el contrafuerte izquierdo de la puerta principal.

A pesar de las creencias populares, Breamo nunca estuvo habitado por los templarios, ni se hicieron excavaciones arqueológicas que demuestren la existencia de un castro levantado por las gentes del rey Brigo bajo la localización de la capilla. Así mismo, no se confirma documentalmente hasta 1397 que la orden de clérigos regulares que habitaba Breamo era de San Agustín, manteniéndose la duda al menos hasta esa fecha.

El priorato de San Miguel fue de patrocinio real. Posiblemente fue Fernando II quien dotó al monasterio y delimitó su coto entre 1159 y 1164.

Desde 1234 hasta 1592 las noticias sobre el priorato son escasas e intermitentes, pero es indudable que, como en el resto de monasterios gallegos, tuvo que enfrentarse a la codicia de la nobleza; en el caso de Breamo, por parte de los Andrade.

A finales del siglo XVI se produjo la salida de los clérigos del monasterio. A partir de este momento, el priorato arrastrará su agonía hasta finales del siglo XVIII, de modo que, en una fecha no determinada, el coto de Breamo pasa a formar parte de la casa de Andrade, y, posteriormente, al señorío de la casa de Lemos, título que hoy en día posee la duquesa de Alba.

Desde 1557, fecha en la que aparece la primera constancia documental, la cofradía de San Miguel de Breamo, a la cual pertenecían alrededor de 180 cofrades, mantuvo el culto y la supervivencia material de la iglesia. En sus ordenanzas se establecía la celebración de 12 misas anuales, entre ellas, las del día del santo, 8 de Mayo.

A partir de 1686 los cofrades deciden dar una especial relevancia a la fiesta de San Miguel del 29 de Septiembre, de forma que este día acaba consiguiendo la misma relevancia que la del 8 de Mayo. Esto queda plasmado en la romería popular que en estas dos fechas se celebra en las inmediaciones de la iglesia.

La cofradía, coincidiendo con la supresión del priorato a finales del siglo XVIII, entra en decadencia y al final desaparece.

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Castillo de Andrade

Se alza sobre la Peña Leboreira, en la parroquia de Nogueirosa, dominando toda la desembocadura del río Eume y el nacimiento de la ría de Ares. Si bien se haya a sólo 3 Km. de Pontedeume en línea recta -lo que alimentó la leyenda de que existía un pasadizo secreto desde el castillo hasta el torreón de la Villa- el desnivel del terreno impide un camino directo.

La construcción del castillo de Andrade fue realizada entre 1369 y 1377 por orden de Fernando Pérez de Andrade "o Boo", sobre terrenos arrebatados a los monjes de Sobrado.

A pesar del deterioro que presenta, se aprecian sus reducidas dimensiones por lo que se supone que sólo se debió utilizar como baluarte destacado o de simple atalaya.

Las irregularidades en el trazado de la planta se deben a la necesidad de adaptación a la roca sobre la que se construyó, lo que también determinó que sólo hubiese foso en los costados Este y Sur pese a que hoy en día resulten ya inapreciables.

Lo que en mejor estado de conservación se encuentra es la Torre del Homenaje -cuyo interior quedó prácticamente inaccesible. La Torre es de planta cuadrada, tiene 20 m. de alto, 10 m. de lado y 2,57 m. de anchura los sillares. Tuvo tres sotos y tres pisos, según los huecos donde se encastraron las vigas. El más alto estaba cubierto por una bóveda de cantería de la cual aún se conservan algunos restos y sobre ella se encontraba la plataforma rodeada de almenas y matacanes, a la cual se llegaba desde dicho piso por una escalera.

Aún se conserva la entrada del castillo, pero apenas se aprecia el cierre vertical de la puerta frente a otra interior de dos. Esta puerta estaba defendida por dos torreones prismáticos, abriéndose en su parte superior una ventana bajo la que estaba el escudo de los Andrade.

Según diversas fuentes, el castillo erigido por Fernán Pérez en la Pena Leboreira no es el primitivo de los Andrade, el cual se encontraba en la parroquia de San Martín de Andrade.

En el contorno de este castillo fue derrotado el primer alzamiento popular en la península contra la opresión de los señores. Según consta en "Las Crónicas de Don Juan II", en 1431, en los territorios de Nuno Freire de Andrade hubo un estallido revolucionario liderado por Roi Xordo, que tuvo como detonante una elevada subida de impuestos y por encima el malestar reinante entre los vasallos de "O Mao" por sus medidas tiránicas.

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Monasterio de San Juan de Caaveiro

Siguiendo la carretera que parte del lugar de Esteiro y bordea el río Eume hasta el encuentro con su afluente el Sesín, se llega al monasterio de San Juan de Caaveiro. Está situado en el corazón de la última fraga atlántica autóctona, apenas de 14 Km de Pontedeume.

Los orígenes de este monasterio están encuadrados en el movimiento eremítico que, nacido en los primeros siglos del cristianismo, tiene una especial incidencia en la alta edad media. Así, al abad Exum y sus compañeros Velasco, Frugulfus y Astrudifus, fueron donados por San Rosendo entre 936 y 940 bienes inmuebles (casas y tierras) y muebles (libros y objetos de culto) según el primer documento conservado del Cartulario de Caaveiro. Este será el principio de las numerosas donaciones que recibirá el monasterio especialmente durante los siglos XII y XIII.

Pero si esta donación fue importante para consolidar la entidad del eremitorio como futuro monasterio, no lo fue menos la realizada por don Bermudo, de difícil datación debido a un incendio que afectó al Archivo de Caaveiro entre finales del siglo X y la primera mitad del siglo XI.

El impulsor de su reconstrucción, con numerosas y cuantiosas donaciones, sería Alfonso VII, hasta tal punto que, con San Rosendo, los clérigos lo consideraron el fundador.

La conversión del cenobio en monasterio de clérigos regulares se produjo con posterioridad a 1039, año en el que se funda la congregación de San Rufo, la que probablemente perteneció a Caaveiro. Al abad Tedón, que estuvo al frente de la comunidad monacal en la segunda mitad del siglo XI y principios del XII, se le debe esta transformación. A partir de entonces, los clérigos estarían sujetos a la Regla de San Agostiño, lo que conllevaba una vida muy distinta a la de los monjes.

El número de habitantes varió a lo largo del tiempo; en la donación de San Rosendo se cuentan cuatro residentes, en la de don Bermudo nueve -número que también hubo en el siglo XIV- y ya en la edad moderna se reduce a seis, que son los que permanecerán hasta poco antes de su abandono. A principios del siglo XIX queda deshabitado.

Desde 1841, en que el Estado incauta las propiedades de la colegiata, se deja de celebrar misa diaria estipulada en la Real orden de extinción en 1800. En 1848 los objetos religiosos son trasladados a otras iglesias y la degradación del lugar aumenta hasta que en 1890 Pío García Espinosa, un abogado asentado en Pontedeume, afronta la tarea de reconstruir y revitalizar Caaveiro.

Así, el 30 de Agosto de 1896 se hace una inauguración solemne en la que se pueden apreciar los cambios sufridos por el monasterio; de la seis casas de clérigos existentes, sólo se reconstruyen dos de las más deterioradas, siendo demolidas las restantes, lo que también sucede con la iglesia principal o colegial -sólo se restaura la más pequeña, la de Santa Isabel.

A partir de este momento don Pío García y su familia pasan cortas temporadas en Caaveiro, mientras un colono que habitaba en la antigua "casa de los caseros" se encarga de las labores agrícolas.

El último casero del monasterio, entre 1928 y 1956, será José Ramos Fernández, aunque hasta los años 70 seguirá trabajando las tierras como arrendatario.

El 13 de Agosto de 1971 un decreto del M.E.C. declara a la comarca Eumesa Conjunto Histórico-Artístico y Paisaje Pintoresco, incluyendo también Caaveiro.

Por fin, en 1975 otro decreto declara el monasterio Monumento de Interés Histórico-Artístico y ya en 1980 se produce la expropiación de todos los terrenos.

Pese a las campañas arqueológicas, comenzadas en 1987, y los tímidos intentos de restauración, no se consigue frenar el progresivo e inexorable deterioro. La declaración de las fragas del Eume como parque natural podría ser el primer paso cara a la salvación de Caaveiro.

El monasterio de Caaveiro sufrió a lo largo de su historia numerosas reformas que fueron modelando su estructura; pese a los diversos cambios, la disposición y funciones de las distintas dependencias estuvieron condicionadas por factores que se mantuvieron invariables, y que son: el contorno -pocas facilidades para la explotación agrícola y las comunicaciones-, la localización, el tipo de orden -los clérigos tenían criados y casas- y por último, el escaso numero de habitantes.

Estancias y dependencias:

- La torre-campanario:

Se halla sobre la antigua entrada al monasterio, fue reconstruida en 1750.

- Las iglesias:

Antes de la última reconstrucción, Caaveiro tenía dos iglesias. La principal o colegial, con unos 12,40 m. de largo (hoy desaparecida) y la que se conserva, de Santa Isabel.

- Las porterías:

Poseía dos: la portería de abajo, situada en la zona inferior de las construcciones más orientales y otra llamada de arriba, a la altura de la torre-campanario.

- Las casas, cuartos o celdas:

Los clérigos habitaban seis cuartos o celdas, una de las cuales se denominaba "principal", posiblemente por estar habitado por el superior.

Posiblemente existen otras instalaciones comunes, todas con balconadas.

- El archivo:

Durante la mayor parte de la historia del monasterio fue un arca cerrada con tres llaves, situada en la iglesia principal, pero en el siglo XVIII aparece citado en la documentación el denominado "cuarto del archivo", con una localización desconocida.

- Las construcciones enterradas:

Son dos de diferente configuración: una, laberíntica y de función desconocida. Otra, organizada en tres estancias consecutivas que posiblemente servirán de almacén.

Fuera del monasterio existían otras casas para albergar a los criados y los animales de carga, y un molino.

- El cementerio:

Caaveiro carece de campo santo. La iglesia era la que servía de enterramiento para los clérigos y otras personas.

- El cabido:

Salón situado junto a la sacristía destinado a albergar las reuniones de los clérigos.

 

Ver también: "El cenobio que ensalza el último bosque atlántico"

Ver también: "Monasterio de Caaveiro en 360º"

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Monasterio de Sta. María de Monfero

Aunque este monumento no pertenece al concello de Pontedeume, destacamos su importancia por ser el lugar donde reposan los restos de la mayoría de los miembros de la familia Andrade, que tan importantes fueron en la historia de la Villa.

En el siglo XII comenzó a construirse lo que sería el Monasterio de Monfero. En este siglo se levantó la primera iglesia, de la que sólo queda el muro meridional. El actual Monasterio se construyó desde 1622 a 1656.

Tiene una sola y amplia nave con planta de cruz latina. La fachada destaca por el ajedrezado de los sillares, alternando los de granito con los de pizarra.

Cuatro enormes columnas y dos pilastras con capiteles corintios se elevan hasta la cornisa superior, sobre la que sólo se alza, sin terminar, una de las dos proyectadas torres. En las dos hornacinas de los intercolumnios aparecen sendas figuras femeninas que podrían ser la de una reina, a la izquierda del que mira, y la de una monja.

Los sesenta y cinco metros de nave de la iglesia aguantan impertérritos el paso del tiempo La nave tiene una longitud de casi 65 metros por un ancho de doce y medio. En el encuentro de la nave principal con la del crucero se alza una gran bóveda octogonal de gran perfección de estilo y trazado. En el fondo del brazo norte del crucero está el retablo pétreo de la Virgen de la Cela, construido según la inscripción el año 1666. Se veneraba aquí una imagen de la Virgen a la que se atribuyen infinidad de milagros. Según las tradiciones populares, se apareció la Virgen de la Cela en un monte próximo, donde brotó una fuente.

En el edificio del convento, reconstruido en el siglo XVII y en el que se han intentado algunas restauraciones, se puede ver, después de atravesar la puerta de entrada, un claustro renacentista en el que se descubren algunos restos del primitivo monasterio románico. Más interesante es el segundo claustro, comenzado por Juan de Herrera a finales del siglo XVI, que sólo realizó el primer piso, terminándose el resto en 1773. En el centro del patio brotaba agua en una fuente barroca.

Sepulcros de la familia Andrade

En el fondo de la nave está el sepulcro de Nuno Freire de Andrade "o Mao", uno de los señores más importantes de toda la comarca durante el siglo XV. El sepulcro representa al caballero con casco, armadura y espada, apoyando los pies en él un pequeño jabalí. En el bordillo del palo que cubre el arca sepulcral se puede leer en gallego: O VONE JESU A VEDE PIEDADE DA ANIMA DE NUNO FREIRE DE ANDRADE CAVALEIRO DE VERDADE UN DO CONCELLO DO REI QUESE FINOU ENO ANO D MIL CCCC XXXI ANOS.

Cerca del anterior está el de su hijo, Pedro Fernández de Andrade, cuarto señor de Pontedeume, que murió en 1435. La figura del caballero aparece también armado. Dos ángeles recitan sus preces sobre el almohadón y dos perros se tienden junto a sus pies.

A continuación del sepulcro anterior podemos ver el de Fernán Pérez de Andrade, fallecido en 1470.

La figura del caballero se halla a nivel del pavimento sin apenas elementos ornamentales. También a ras del suelo está el sepulcro de Diego de Andrade, que dejó de existir en 1492.

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