Ya se sabe lo que sucede con la tradición oral: nadie puede afirmar con rotundidad cuándo y cómo nace, pero suele tener una base real que luego se deforma al verbalizarse de boca a oreja. En ese contexto hay que situar la leyenda de la gota, tormento (supuestamente) aplicado en el monasterio de Caaveiro.
Y dice la leyenda, que ha llegado hasta hoy, que allí se instaló la Inquisición, lo cual, sea dicho de paso, todo apunta a que es irremediablemente falso. Y los inquisidores, que no se andaban con bromas, llevaban a los sospechosos hasta el cenobio y los colocaban, uno a uno, en un sótano que todavía se puede ver aunque no recorrer. Allí hay un lugar donde se les encajaba la cabeza, y de hecho cae dentro de lo posible hacerlo en la era de los ordenadores. Desde el piso de arriba se iba dejando caer agua gota a gota en el cráneo del desdichado, que acababa enloqueciendo y confesando lo que fuese y lo que no fuese.
Lo que no se ve es la planta de la antigua iglesia de San Juan, que durante la rehabilitación quedó al descubierto por primera vez. Pero el cenobio encierra muchos más misterios. Serxio Paz, uno de los guías, es un pozo de sabiduría local. Él es el hombre que localizar.